Enseñar al que no sabe

Obras de Misericordia enseñar al que no sabe

“¿Entiendes lo que estás leyendo?” (Hch 8,30), le preguntó Felipe al funcionario que leía al profeta Isaías. Y éste le respondió: “¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?” (Hch 8,31). En esta línea de guía de conciencias, se debe recordar el texto paradigmático de Jesús cuando afirma: “No se dejen llamar maestros, porque sólo uno es el maestro de ustedes” (Mt 23,10). Se marca así, con contundencia, que quien de forma definitiva “enseña al que no sabe” es Jesús el Mesías, dado que “ya vivamos o ya muramos, somos del Señor” (Rm 14,8).

En este marco surge la tarea fundamental de enseñar al que no sabe. El texto bíblico añade que, en la práctica educativa, resaltan sobremanera aquellos que “dan razón de la esperanza en Cristo” (cfr. 1Pe 3,15). San Juan Pablo II, en la Encíclica Fides et ratio (1998), puso muy de relieve esta decisiva tarea para nuestro mundo: “Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisión; al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición” (no. 48). Por esto, concluye afirmando: “Lo más urgente hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad y su anhelo de un sentido último y definitivo de la existencia” (no. 102).

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