Perdonar las ofensas

Obras de Misericordia perdonar las injurias

La historia de la revelación bíblica es la historia de la revelación del Dios “capaz de perdón” (cfr. Éx 34,6s; Sal 86,5; 103,3). Esta afirmación comporta la superación de la Ley del Talión (“ojo por ojo, diente por diente”: Éx 21,24). Jesús mismo nos enseñó: “Amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen…” (Mt 5,44).

No se puede negar que el amor a los enemigos, desde un punto de vista humano, es seguramente la prescripción más exigente de Jesús. Pero se trata de un mandamiento que expresa lo más nuevo y propio del cristianismo, ya que “quien no ama a quien lo odia no es cristiano” (Segunda Carta de Clemente, 13s), pues el amor a los enemigos es la “ley fundamental” (Tertuliano, De la paciencia, no. 6) y la “suprema esencia de la virtud” (san Juan Crisóstomo, In Mat. 18,3s).

Por eso, para santo Tomás de Aquino, el perdón de los enemigos “pertenece a la perfección de la caridad” (ST II-II, q. 25, a. 8); es una obra que responde a una exigencia de verdad irrenunciable: reconocer los límites y las debilidades humanas.

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